sábado, 17 de octubre de 2015

La vispera verde



Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Lamentaciones 3:23


A veces nos empeñamos en realizar una tarea o resolver un problema nosotros solos, cuando sería mucho más fácil pedir ayuda. Pero porque a los hombres particularmente nos cuesta tanto? Será por:

Orgullo.
Soberbia.
No admitir la existencia de un problema.
Vergüenza.
Mostrar debilidad.
La posibilidad de que se nos niegue esta ayuda.
El miedo a ser juzgados por los demás.

Hoy en la mañana mientras me bañaba observé un pequeño insecto atrapado en esas mallitas que venden en Le Petit Monde para lavar el cuerpo.
Me quedé observando, abrí los pliegues y el insecto saltó y voló. Ocupaba ayuda - era más que evidente – Pero cerca de él no habían sus congéneres para ayudarle. Puede que alguna vez  identifiquemos o intuyamos este tipo de situaciones?
Puede que algunas veces uno como hombre cree poder “jugársela como un vikingo” de la forma en que se nos enseñó.
Para los hombres es muy difícil decir 'necesito ayuda'. Se supone que somos “fuertes". Queremos para nosotros en exclusiva el mérito de resolver un problema y no estamos dispuestos a compartirlo con nadie.
Muchas veces la persona que más “fuerte” se proyecta, es la que requiere mayor observancia de índole  simple y meramente humana y terrestre.
En muy pocas oportunidades se crea un espacio en el que los hombres nos sintamos cómodos para hablar de nuestros  problemas, de las presiones y miedos a las que nos enfrentamos. Esto nos hace más vulnerables.
Es ese miedo a ser rechazado, a experimentar la sensación de que no somos lo suficientemente buenos para que alguien nos dedique su tiempo.
Esa ansiedad metafísica a veces irracional sino se maneja nos puede aislar, Cuando te asilas, te desconectas, y creo que la forma en que llevamos nuestras vidas -y los hombres en particular- hace que nos desconectemos de los otros seres humanos. Y así empezamos a naufragar por debajini. Disculpándome el francés, llevándonos entre las patas, seres queridos, trabajo, y el entorno.
Hoy les pido, hablemos y escuchémonos. Con respeto, con tolerancia. Lo mejor de la vida no atiende a planes o programaciones. La mayoría de las veces basta con dejarnos llevar, con permitir que las cosas sucedan por sí mismas, con la sutileza de la casualidad, con la apertura de quien es humilde y no espera nada, pero en verdad… lo sueña todo. 

lunes, 11 de mayo de 2015

Para alumbrar...lo que se esconde en el cuarto oscuro de nuestro pesar.

Saber lo que uno quiere es realmente importante porque si lo sabemos nuestra vida tiene un sentido, una dirección, una meta por la que luchar y un objetivo que alcanzar. 
También es verdad que a veces, uno lo tiene muy claro y se empeña en llevar adelante sus anhelos con éxito. Otras veces, sin embargo, parece que la vida nos metiese en un paréntesis en el que nada está despejado. 
Una especie de muro momentáneo en el cual no nos sentimos capaces de avanzar. Incluso, en muchas ocasiones, nos suceden tiempos vacíos en los que ni siquiera nos reconocemos como nos recordamos. Entonces, aunque uno no sepa lo que quiere, es imprescindible saber lo que NO quiere y evitar así que los errores se sucedan, unos tras otros, en una infinita cadena que nos entregue en manos del fracaso. De verdad pese a ser "no edificante" Gracias por hacérmelo entender. 
Puede ser una tarea fácil descubrir lo que nos gusta o no cuando se trata de algo material. Sin embargo, en los afectos solemos resbalar con mucha más frecuencia. 
Saber que no aceptaríamos nunca por ir en contra de lo que sentimos como propio y valorable. Determinar aquello que no traicionaríamos jamás por ser parte de nuestras raíces más entrañables. Decidir que baluartes son pilares maestros en los cimientos de nuestra vida y que nadie logrará cambiar. Atender a lo que siempre hemos sido fieles, a lo que supone el cordón umbilical con nuestro pasado y nuestro futuro. Al tesoro que nos constituye únicos y diferentes al resto.
Si desea que al no suceda, entonces no lo procure, la vida real está ahí afuera, la vida que edifica y permite saber de la madera que estas hecho, dentro de una burbuja vivirás lo idílico, un balance entre ambos?, que es lo complicado?
Saber lo que no queremos…es a veces, suficiente para rescatarnos a nosotros mismos. Ya lo entendí, una dosis de ubicatex en la vena puede que te salve, puede que no. A veces solo se debe esperar lo mejor.

martes, 28 de abril de 2015

Los limites de lo ajeno.



Es difícil para algunas personas encontrar la conexión entre el ser y el quehacer, la filosofía de su existencia es algo secundario respecto a lo cotidiano, como si su vida no fuese importante, y deba por ansiedad metafísica dar mas protagonismo  a la vida ajena que a la suya propia.
Para algunas personas, - o varias si es el caso – explorar su mundo interno es poco mas que tratar el cerebro como si fuese un órgano aparte, cuando en realidad es el motor de la conciencia humana.
Pero haciendo honor a la ignorancia de quien – o quienes – hablan por desconocimiento, por doble moral, por envidia insoslayable, y hasta por vergüenza interna de querer hacer lo que critican.
A mis cuarenta y cuatro años, si se miden con la vara de lo cuantitativo he aprendido que cada palabra que pronuncio, que cada acción que ejecutan mis manos, que todo sonido que coquetea con mis oídos, que cada idea que proceso en mis adentros depende de mi estado, y su peso en mi vida se aliviana cuando descubro una luz para mi único y exclusivo firmamento personal.
Para algunas personas cuán difícil les resulta separar lo individual de lo colectivo, lo personal de lo ajeno, lo laboral de la vida privada, muy pocas personas logran entenderlo.
Y por supuesto que si, el que no comprendamos algo no nos impide el hecho de saber que existe los limites de los ajeno. Si pudiésemos esclarecer mejor el sentido del respeto entonces podríamos comprender que algunos comentarios o apreciaciones ajenas podrían dolerme pero la noticia es que mi mente es mas rápida, y ahora puedo entender que mi vida, mis sentimientos, mis acciones, no tienen que nacer, vivir ni padecer en brazos de otros seres, sino en mi mismo, si me equivoco o no será a mi manera.
Mi asombro no disminuye al tratar de comprender el mundo ajeno pero si  ha aumentado mis  fuerzas de levantarme cada día y abrazarme a las personas maravillosas que están en mi vida, mi hija, mi madre, y la mujer que quiero.
Hoy no seria yo si ayer no hubiese reconocido que me he equivocado muchas, muchas veces, que cada segundo que veo pasar mi vida se sienta a conversar con lo que padezco a cada paso.

Es saber que quiero despertar y lavarme la mirada de los otros, para volar al sitio mas alto que se me ha asignado comprendiendo siempre que en mi si habitan, cohabitan y existen los limites de lo ajeno.